En los primeros años, en el campo de concentración de Auschwitz, las estrategias empleadas para el exterminio fueron el hambre y el trabajo. La esperanza de vida de un preso sólo era de seis a nueve meses, debido al trabajo duro y a la alimentación insuficiente.

Además, se llevaban a cabo a diario algunos asesinatos arbitrarios, con el fin de mantener la disciplina de los presos y también para terrorizarlos. Los fusilamientos no representaban el medio apropiado para el exterminio en masa por los altos costes de la munición, el ruido de los disparos y el estrés psíquico que producían en los hombres de las SS. Como consecuencia, las SS decidieron poner en práctica el asesinato por venero, que era inyectado a los presos. E

n agosto y septiembre de 1941, el comandante del campo, Rudolf Höss, ordenó llevar a cabo los primeros experimentos con el gas Zyklon B en el bloque 11 del campo central (Auschwitz I). En la primera mitad del año 1942, dos granjas desalojadas y convertidas en cámaras de gas provisionales fueron puestas en funcionamiento. En estas instalaciones eran asesinadas entre 800 y 1200 personas al día. Hasta septiembre de 1942 las personas gaseadas fueron enterradas en fosas comunes o quemadas al aire libre. Además se llevaban a cabo experimentos médicos con los presos, que (entre otros) tenían como fin la esterilización en masa, la investigación de gemelos y la experimentación de medicamentos.

El trabajo y el agotamiento

El trabajo de los presos estaba encaminado al exterminio total. Con excepción de unos pocos edificios que ya existían con anterioridad, el campo de concentración de Auschwitz y gran parte de las instalaciones industriales adyacentes fueron construidos por los propios presos.

Había diferentes trabajos para los presos:

  • Trabajos dentro del campo: p. ej. de escribiente o de médico, o bien realizando trabajos artesanales así como trabajos en el campo «Kanada» (almacén para aquellos objetos que les eran confiscados a los recién llegados), etc.
  • Comandos externos: Los trabajos más duros consistían en la construcción de edificios, carreteras y vías férreas, encauzamiento de los ríos, en la cantera, en campos de castigo, etc.
  • Trabajo en empresas privadas, estatales o de las SS (p. ej. IG- Farben): Las empresas podían «tomar prestados» a presos, por mediación del jefe del campo, disponiendo de la capacidad productiva de aquéllos con toda libertad. Como contrapartida las empresas tenían que abonar a las SS una reducida tasa diaria (entre 3 y 6 Reichsmark). Debido al trabajo de los presos, en muchas empresas industriales y armamentistas se desarrolló una amplia red de campos externos.

Normalmente cuando se trataba de asignar a los presos a los diferentes comandos de trabajo carecía de importancia su formación profesional o académica.

En lo que más insistía la SS era en someter a los presos a esfuerzos sobrehumanos, obligándoles a trabajar en un tiempo récord, para «quebrarlos» y causarles una muerte tortuosa.

El hambre en Auschwitz

Oficialmente había un menú, en el que se detallaban todos los ingredientes y alimentos así como sus calorías. Sin embargo la comida para los presos distaba mucho de corresponder a estas prescripciones.

Auschwitz I: Suministro de alimentos para los presos.

Un preso que realizaba trabajos duros, por ejemplo, recibía alimentos con un contenido energético de 1700 calorías o menos en vez de las 2150 calorías prescritas. Estaban previstas tres comidas diarias:

Desayuno1/2 de sucedáneo de café o té no azucarados.
Almuerzo3/4 de sopa totalmente insulsa, con patatas o mondas de patatas, nabos y otros ingredientes (350 a 400 calorías, lo que corresponde por ejemplo a aproximadamente 100 g de fiambre)
CenaAproximadamente 300 g de pan con p. ej. 25 g de fiambre o 25 g de margarina, una cucharada de mermelada o queso.

 Si los presos querían desayunar al día siguiente algo más que el café o el té que les correspondía, tenían que reservar una parte de la ración de pan de la cena.

 Las calorías de una cena se elevaban a alrededor de 900 a 1000 calorías. A los presos que realizaban trabajos duros normalmente les correspondía un «suplemento» (pan, margarina, fiambre). Muy a menudo los alimentos ya estaban pasados o en mal estado.
Efectos del hambre y la mala alimentación.

Tras pocas semanas los presos se encontraban en un estado de total agotamiento debido a las raciones demasiado escasas y al agobio que significaba esperar por la comida en la cola. Puesto que un solo preso-funcionario estaba encargado de repartir la comida a cientos de presos, los que estaban al final de la cola, debilitados, muy a menudo no recibían comida alguna. A aquellos presos que llegaban a algún tipo de acuerdo con los presos-funcionarios o con las SS, se les trataba con preferencia en el racionamiento de las comidas. Otra forma de castigar a los presos era reduciéndoles las raciones o privándoles totalmente de comida. La esperanza de vida de un preso «normal» se veía muy mermada por las raciones demasiado escasas así como los trabajos duros que tenía que realizar.

Los castigos en el campo de conentración

En el campo, cualquier pretexto era bueno para castigar a los presos. Además de las prohibiciones oficiales existían un sinfín de normas extraoficiales. Muchas de las prohibiciones eran intencionadamente de una gran vaguedad, de forma que los vigilantes las interpretaban a su libre albedrío. Otro método de castigo consistía en dar órdenes imposibles de ser llevadas a cabo por los presos: por ejemplo era imposible, al hacer la cama, alisar por completo la funda del saco de paja. Otra crueldad de las SS consistía en dictar dos normas contradictorias en sí, de manera que todo lo que hacía la víctima podía ser interpretado en su contra. Por ejemplo, se sancionaban los zapatos sucios, porque incurrían contra la norma de la limpieza. Por otro lado, los zapatos limpios eran un indicio de que un preso se había escaqueado del trabajo y que había incurrido contra esta norma.

Los castigos, ejecutados de manera tan atroz, más bien representaban una condena a muerte encubierta. Los castigos oficiales eran los siguientes: la Compañía Penitenciaria (los presos eran obligados a realizar los trabajos extremadamente duros a paso ligero, incluso después de la jornada y en las tardes de domingo, se les privaba de comida, eran sometidos a los maltratos más graves por parte de los kapos y las SS), celdas de castigo en las que sólo se podía permanecer de pie o a oscuras, permanecer de pie durante horas o días junto a la puerta de entrada al campo o en la plaza de las revistas, el potro o la estaca.

El castigo en el potro se realizaba de la siguiente manera: las piernas de la víctima eran inmovilizadas, dos presos agarraban al delincuente por los brazos, un hombre de las SS o un kapo golpeaban al preso con un garrote o un látigo obligándole a contar en alto el número de golpes.
El castigo en la estaca consistía en atar al preso con las manos a la espalda a la estaca, de forma que sus pies no tocaban el suelo.

El estrés psíquico en Auschwitz

Ya a su llegada al campo, las personas estaban expuestas al primer shock psíquico. Tras un largo y cansado viaje, lleno de todo tipo de privaciones, estaban agotadas. A todo eso se sumaba la inseguridad, pues muchas no sabían adónde serían llevadas ni lo que iba a ocurrir con ellos.

La separación de las familias provocaba una gran inseguridad entre los presos. El ambiente triste, las prisas, el gran número de soldados y de perros pastores alemanes, el tono duro y alto de las órdenes por parte de los vigilantes de las SS, así como los golpes reforzaban más aún el gran miedo de los recién llegados. Aquéllos que no eran gaseados inmediatamente por las SS, sino que eran ingresados en el campo, tenían que someterse a los humillantes rituales de ingreso. Muchas personas morían a consecuencia de ese shock a la llegada. (La tasa de mortalidad se situaba entre el 70% y el 95%).

Hombre de cuarenta años, marcado por las torturas, en el momento de la liberación.
Museo de Auschwitz: El campo de concentración Auschwitz – Fotos documentales.

Nadie podía comprender esa irrealidad e inhumanidad. Aquéllos que habían sobrevivido las primeras semanas, muy a menudo caían en la apatía permaneciendo indiferentes ante su entorno, aunque tampoco esto les ayudaba. A pesar de toda esta indiferencia, el miedo a los golpes y a ser enviado a la cámara de gas, estaban siempre presentes. El hecho de que continuamente tenían que «procurar» para poder sobrevivir, la lucha permanente por la comida, descorazonaba a los presos en el campo.

Presenciar el asesinato de otras personas, o incluso el de la propia familia, les causaba un enorme estrés psíquico. Cada uno de los presos estaba totalmente expuesto a la arbitrariedad de las SS.

Las enfermedaes en el campo de concentración

El shock psíquico y el terror físico, las jornadas demasiado duras y largas de trabajo junto a la desnutrición crónica y la carencia de higiene constituían las causas de la mayoría de las enfermedades en el campo.

Casi todas las enfermedades infecciosas se daban en Auschwitz: la disentería, la malaria, el tifus y la tuberculosis, e incluso el tifus exantemático; la caquexia (el total agotamiento de las energías vitales como consecuencia de un debilitamiento general y la anemia), los edemas provocadas por el hambre, la sarna y las úlceras de noma (que carcomían la boca ahuecando las mandíbulas y perforando las mejillas como un cáncer), pero también las heridas provocadas por cortes o fracturas, en la mayoría de los casos, tenían la muerte como consecuencia.

Si los presos no morían enseguida como consecuencia de sus enfermedades, eran seleccionados para ser enviados a las cámaras de gas, dado que ya no estaban capacitados para trabajar. Esas selecciones se llevaban a cabo o en los bloques de los presos o en la enfermería.

Los experimentos médicos

Para proteger la pureza de la raza alemana, Heinrich Himmler ordenó la esterilización en masa de aquellos presos que pertenecían a razas clasificadas de inferiores, conforme a la ideología nazi. El ginecólogo Prof. Dr. Carl Clauberg y el médico Dr. Horst Schumann llevaban a cabo sus experimentos de esterilización en el bloque 10 de Auschwitz I.

El médico Dr. Josef Mengele utilizaba a gemelos, enanos y minusválidos para estudiar su especial estructura de genes. El fin último de sus investigaciones era aumentar la capacidad reproductora de la población alemana.

Otros médicos de las SS llevaban a cabo experimentos con nuevos medicamentos muy a menudo nocivos, infectando a presos sanos para probar seguidamente la eficacia de estos medicamentos.

«Los experimentos han sido llevados a cabo, todas las mujeres han muerto. En breve retomaremos el contacto con usted para una nueva entrega de presas.»

Los presos del campo de concentración de Auschwitz también servían para completar los fondos anatómicos. De ahí que las autoridades del campo enviaran a 115 presos especialmente escogidos al doctor August Hirt, catedrático del Departamento de Anatomía en Estrasburgo, con el fin de ser asesinados para completar la colección de esqueletos de esta institución.

Debido a la insuficiente alimentación, los presos no sólo perdían peso, sino que también sus órganos internos sufrían una reducción de su tamaño. El doctor Johann Kremer se aprovechó de esta situación, especializándose en la «investigación de la inanición». De esa manera intentó conseguir información más detallada sobre la atrofia marrón del hígado (disminución del tamaño del hígado). Para poder estudiar el curso detallado de la enfermedad, el doctor Kremer incluso interrogaba a los presos seleccionados por los pormenores, que él consideraba importantes para su «investigación». Acto seguido, las víctimas eran asesinadas mediante una inyección de fenol y diseccionadas.

El asesinato por inyección letal

Los presos temían el ingreso en la enfermería, puesto que tenían que contar con «la inyección letal», incluso cuando sólo sufrían «una enfermedad leve».

Los ingresos en la «enfermería» eran muy temidos…
Jeringa con la que se inyectaba el fenol letal.

«La inyección letal» significaba ser asesinado con una inyección de fenol de 10 ccm, inyectada directamente en el corazón. Las víctimas morían en el acto. Con ese método de asesinato se empezó en agosto de 1941. Las inyecciones de fenol en la mayoría de los casos las administraban los sanitarios Josef Klehr y Herbert Scherpe así como los presos iniciados Alfred Stössel y Mieczyslaw Panszcyk. Los presos al igual que los niños seleccionados para la inyección letal tenían que presentarse en el bloque 20 del campo central. Allí se les llamaba de uno en uno y se les mandaba sentarse en una silla del ambulatorio. Dos presos sujetaban las manos de las víctimas, un tercero les vendaba los ojos. Acto seguido, Klehr introducía la aguja en el corazón y vaciaba la jeringuilla. Así morían entre 30 y 60 personas a diario.

Las cámaras de gas de Auschwitz

El método más eficiente en el exterminio de seres humanos fue la muerte por gas. Las SS se sirvieron del ácido cianhídrico, Zyklon B, el cual, en un espacio herméticamente cerrado, se evaporaba a la temperatura del cuerpo, provocando en muy poco tiempo la muerte por asfixia.

Los primeros intentos de gas tuvieron lugar en septiembre de 1941 en las celdas de arresto del bloque 11 en el campo principal de Auschwitz. Más tarde, el depósito de cadáveres junto al Crematorio I se utilizó como cámara de gas. Debido al rendimiento limitado del Crematorio I y a la imposibilidad de mantenerlo totalmente en secreto, las SS se trasladaron en 1942 a Birkenau, donde transformaron dos granjas situadas en un bosque en cámaras de gas. Los cadáveres eran transportados en ferrocariles de vía estrecha a las fosas, que se encontraban a unos cuantos cientos de metros. Allí eran soterrados; sin embargo en otoño de 1942 los cadáveres fueron desenterrados y quemados.

Dado que esas instalaciones provisionales tampoco eran suficientes, se empezaron a construir en julio de 1942 las cuatro grandes «fábricas de la muerte» que fueron puestas en funcionamiento entre marzo y junio de 1943. Los propios presos fueron obligados a construir esos lugares de exterminio.

Allí todas las fases del proceso de exterminio se encontraban centralizadas disponiendo de todos los medios técnicos necesarios. Cada unidad estaba equipada de cuartos en los que los presos debían desnudarse, de cámaras de gas, así como de hornos crematorios para incinerar a los muertos.

Auschwitz I-Campo centralInstalaciones de exterminioEn funcionamiento
Crematorio ICámara de gas, tres hornos para 340 cadáveres.Desde principios de 1942 hasta la primavera de 1943.
Auschwitz II-BirkenauInstalaciones de exterminioEn funcionamiento
Búnker IDos cámaras de gas para 800 personas, cuartos para desnudarse, fosas comunes.1942.
Búnker IIcuatro cámaras de gas para 1200 personas, cuartos para desnudarse, fosas de incineración.1942; reformado en la primavera de 1944 y usado como reserva durante el día.
Crematorio IICámara de gas subterránea para un máximo de 3000 personas; cinco hornos para 1.440 cadáveres al día.Marzo de 1943 hasta noviembre de 1944.
Crematorio IIICámara de gas subterránea para un máximo de 3000 personas; cinco hornos para 1.440 cadáveres al día.Junio de 1943 hasta noviembre de 1944.
Crematorio IV4 cámaras de gas para aproximadamente 3000 personas, dos hornos para 768 cadáveres al día.A partir de marzo de 1943; destruido el 7 de octubre de 1944 por los presos.
Crematorio V4 cámaras de gas para aproximadamente 3000 personas, dos hornos para 768 cadáveres al día.Abril de 1943 hasta noviembre de 1944.

Técnicamente era posible quemar diariamente en los crematorios a 4.756 cadáveres. Sin embargo sólo se trataba de una cifra teórica, en la que también se incluía el tiempo necesario para el mantenimiento y la limpieza de los hornos. De hecho, en los Crematorios II y III fueron quemados hasta 5000 cadáveres, en los Crematorios IV y V hasta 3000 cadáveres a diario. Cuando se sobrepasaba la capacidad de los crematorios, los cadáveres eran quemados en hogueras al aire libre. En el verano de 1944, durante la deportación de los judíos húngaros, las SS volvieron a poner en funcionamiento el búnker II. En aquella época era posible asesinar y quemar hasta 24.000 personas a diario. Las cenizas de los muertos servían de abono para los campos, para el drenaje de pantanos o simplemente eran vertidas en los ríos o estanques de las cercanías.

El patíbulo de Auschwitz

En la plaza de revistas en Auschwitz I se encontraba un patíbulo, en el que se llevaban a cabo ejecuciones en presencia de todos los presos. En la mayoría de los casos, en el patíbulo eran ejecutados aquellos presos que habían intentado fugarse.

El condenado, atado, era conducido al patíbulo; allí pronunciaban su sentencia, primero en alemán y después en polaco, allí también le daban las indicaciones a otro preso que tenía que hacer las funciones de verdugo. La víctima tenía que subirse a una caja, el verdugo le colocaba la soga, mediante una palanca la tapa de la caja se bajaba, de forma que el condenado caía (sólo unos centímetros) al vacío.

Era una muerte dolorosa, que no sobrevenía en el acto. En la mayoría de los casos, debido a la cuerda demasiado corta al igual que a la altura reducida de la caída, los presos no morían por una fractura de nuca, sino por asfixia o por estrangulamiento.

Durante las ejecuciones, en las que también estaban presentes todos los oficiales de las SS, la vigilancia de las SS se encontraba siempre en estado de alerta. Las ejecuciones públicas tenían como objetivo intimidar a los presos para impedir todo intento de fuga, a la vez que representaba un castigo ejemplar para la desobediencia de los presos.

Los fusilamientos en el campo de concentración

El lugar de ejecuciones en Auschwitz I era un patio protegido por dos muros, situado entre los bloques 10 y 11, en cuyo fondo se encontraba un paredón pintado de negro. Delante del paredón habían echado arena, que servía para absorber la sangre de los fusilados, que debían comparecer desnudos y descalzos.

El «paredón negro». En este paredón fueron fusilados miles de presos.

Los cadáveres, chorreando sangre, eran transportados en un camión hasta el crematorio. Estos camiones siempre dejaban tras de sí un rastro de sangre en las calles del campo. Sin embargo los fusilamientos no sólo se llevaban a cabo en el paredón negro. Cualquier pretexto era válido para fusilar a los presos: si un preso no trabajaba lo suficientemente rápido, o si un hombre de las SS interpretaba la mirada de un preso como rebelde, o incluso si un vigilante o un oficial de las SS se aburría. Cuando no se cumplía con la cuota prevista de muertes, recurrían a los fusilamientos. La versión oficial era que estos presos habían sido fusilados por «intento de fuga».

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